En mi lucha personal contra el
gilipollismo mundial hoy quiero hablar de un tema que me toca bastante la
moral: la ola antiperruna que nos invade.
Es cierto e innegable que hoy por
hoy sufrimos a bastante retrasado mental, generalmente con aspecto de Tristiano
Ronaldo y novia choni-chandalera, con perros potencialmente peligrosos. Soy el
primero que cree que la posesión de este tipo de cánidos precisaría de, al
menos, un examen psicotécnico idéntico al que se puede realizar para sacar un
permiso de armas. Evidentemente, que se
cumplan las normativas sobre los perros peligrosos (tema correas,
bozales...etc) es fundamental y debe ser obligatorio en zonas urbanas o rurales
habitadas. Igualmente soy partidario de
denunciar y multar a cualquier individuo que no recoja las caquitas de su perro,
costumbre cerda donde las haya. Lo que ya comienza a ser demencial es el acoso
a el que muchos propietarios de perros nos comenzamos a ver sometidos por las
hordas de antiperrunos amargados. Los perros han meado siempre en las calles, y
lo han hecho porque las calles tambien les pertencen a ellos, que son tan
dueños de este planeta como nosotros. Gracias a los perros, el ser humano pasó
de ser un cazador mediocre a ser el depredador mas jodido de la tierra.Y no
conformes con esto, en nuestro infinito egoismo los empleamos para rescatarnos
cuando estamos en apuros; los mandamos a morir al espacio; los torturamos para
experimentar en nuestro beneficio; los abandonamos a su suerte cuando nos
resultan incómodos o nos dejan de ser útiles despues de haber recibido una
fidelidad y un cariño puro e incondicional... y ahora tambien nos molestan sus
pises, como si fuera una novedad. Mucho gilipollas es lo que hay.
Hace unas semanas, una mañana con bastante
sueño todavía, mi perrito, en un descuido por mi parte, hizo pipí en la columna
de una tienda de la calle de los taxis. Cabe señalar que ni una sola gota tocó
nada que no estuviese en la rue y que la lluvia no empape cuando cae del cielo.
Cabe señalar tambien que, de haber sido cliente del perfecto amargado que me
increpó con muy poca educación, estoy seguro de que no me habría dicho nada mas
que “Buenos Días!” saludando con una sonrisa hipócrita, aunque por detrás me
hubiese puesto de cabrón para arriba, tal es el patrón con el que sus padres
(posiblemente primos hermanos) lo cortaron. Lo triste es que con mi somnolencia
me quedé con las ganas de espetarle una ingeniosa faltada que lo dejase
suavecito y solo le repliqué que no podía estar controlando la vejiga del pobre
perro todo el rato. Un puto basilisco el viejo vendetangas. Pues si no quiere
que le orinen los perros en la columna, que ponga unas botellas de agua llenas
de esas que ponen ahora, que eso sí que tiene delito, son super glamurosas.
Hacen bastante mas daño a la vista que el pis de los perritos al olfato.
Ah! Y otra cosa para el que no lo
sepa. ¿Sabían ustedes que en la ciudad de Nueva York se puede pasear a los
perros sueltos en todos y cada uno de sus mas de trescientos parques? Un ciudadano
que se cansó de tonterías y llevó al ayuntamiento a juicio. Que el mundo
tambien es de ellos. Tomen nota señores alcaldes. Freedom for the cans!!