Como algunos sabéis, la mitología
clásica (especialmente la griega) es una de mis debilidades desde que un
profesor de instituto un poco tarado me la mostró como era: una herramienta
divertidísima y fantástica que nos enseña las pasiones humanas a través de las
pasiones de los dioses, o al menos así lo entiendo yo. Todos nosotros llevamos
desde nuestro nacimiento rodeados de los mitos griegos más famosos. La guerra
de Troya, en donde los dioses llegan a tomar parte por los dos bandos, o las
hazañas de Heracles (Hércules), de Jasón o de Perseo que hemos visto en películas
o series de televisión, son los mitos mas conocidos. Pero hoy os voy a contar
una historia que me encontré por casualidad no hace mucho tiempo. Es la breve historia
de Erisictón y la diosa Demeter.
Los mitos normalmente son
eslabones de una misma cadena. Cada mito nos lleva al siguiente, y este nos
puede llevar al anterior, así que para no liarnos seré muy concreto.
En una famosa ocasión Demeter se
enfada con los dioses del Olimpo, así que les dice “que os den, me las piro” y
se va a la tierra y comienza a recorrer los campos de trigo. Demeter era la diosa de la agricultura entre
otras cosas (los romanos la transformaron en la diosa Ceres, de ahí los
cereales) y tenía por toda Grecia pequeños bosques consagrados a ella. En estos
bosques los árboles nunca se podaban y crecían libremente sin control. Es en
este punto en donde entra el humano Erisictón. Este era un hombre muy rico y se
podría decir que en algunos aspectos sería lo que hoy se llama un adelantado a su
tiempo. Erisictón llego a unos de estos bosques de Demeter y se dijo “Si, son muy bonitos estos árboles de
Demeter, pero visto uno visto todos. Lo que realmente son es valiosa madera que
me servirá para montar una posada para los viajeros que pasan por este bosque,
y así me hago unos dinerillos más” Si algo caracteriza a Demeter es la compresión
para con los hombres, así que se transformó en anciana y fue a verlo.
-
Déjalo, Ericsitón ¿no ves que estos arboles están
consagrados a Demeter? – le dijo
-
No me importa –contestó- No tengo nada contra esa
diosa, pero necesito su madera. Ademas he dejado uno, puedes sentarte delante
de el y hacerle los honores a Demeter.
-
Como quieras, chato. La que avisa no es traidora.
El castigo de Demeter fue inmediato.
Erisictón comenzó a tener un hambre insaciable y empezó a comérselo todo, en
plan cena de navidad pero sin descanso. Todo le gustaba, pero en lugar de
engordar, adelgazaba. Llegó a dejar de dormir para poder comer. Comió hasta que
devoró toda su fortuna. Erisictón tenía una hija que se tuvo que hacer cargo de
el. Tuvo que prostituirse para poder comprar comida para su padre, pero esto
tampoco fue suficiente. Finalmente Erisictón comenzó a comerse su propio
cuerpo. Pierna a pierna, brazo a brazo, hasta que solo quedó una boca que se
comió sus propios labios.
Es posible que este fuese el único
castigo que Demeter impuso a un hombre y que queréis que os diga, yo lo veo muy
justo. Espero que no tarde mucho en castigar de nuevo.