Pocos pensaban que el engañoso
proceso constitutivo al que gustosamente se vieron sometidos nuestros padres y
abuelos con tal de ver el final de aquel periodo luctuoso de cuatro décadas
bajo el mando de un tirano asesino, pudiese cerrarse con la vertiginosa y
traumática rapidez que lo está haciendo en estos últimos tiempos. Digo cerrarse, porque pase lo que pase dentro de un año en las elecciones generales la
política española jamás volverá a ser la misma.
Por lo general, el hispano es
persona de paciencia y buen carácter, siempre y cuando sus necesidades básicas
estén cubiertas lo suficiente como para poder disfrutar de momentos de ocio. Es
por este modo de ver la vida que durante todas estas décadas se han ido
fraguando, dentro y fuera de las instituciones, modos de actuar dignos de la familia Corleone, que
han abocado al país al estado en el que está tanto económica como anímicamente.
Sería faltar a la verdad si
decimos que nos ha cogido por sorpresa. Todos conocíamos, al menos de oídas,
los chanchullos que se realizaban dentro de muchas instituciones públicas con
empresas privadas. Estas prácticas cementeras
germinaron de modo exponencial gracias a la ley de liberalización del suelo del
ex presidente Aznar, ese prócer de la patria actualmente escondido posiblemente
en el mismo lugar en donde se escondían las armas de destrucción masiva de
Hussein. Un personaje con un altísimo concepto de sí mismo, pero con las manos
tan sucias como el propio Arropiero. Ahora a este gurú de la política le crecen
enanos con cabezas cercenadas a su alrededor: el 75% de su gobierno está o
imputado; o en la cárcel o bajo sospecha de haber cobrado en B.
Este cambio les ha cogido en
pelotas, eso es así. El desprecio al ciudadano y a la demoledora herramienta
que son las redes sociales les ha pasado factura. Sólo cuando te sumerges en
ellas a fondo eres consciente de la terrible capacidad que tiene la red de
difundir una mentira, pero también de atraparla en minutos. Es por ello que
ahora, como gallinas sin cabeza, intentan medidas tan represoras e inútiles
como la famosa ley mordaza como medida desesperada de limitar el derecho de expresión en Internet,
porque las medias verdades servidas todos estos años a través de muchísimos de
sus medios de comunicación ya no valen lo que un saco de abono. Ahora el
ciudadano tiene las herramientas para contrastar, juzgar, abochornarse y, en último
término, cabrearse terriblemente.
No hace tantos meses muchos se
tomaban esto a cachondeo, ahora se les muda el gesto en un rictus que
desconocían al verse tan vetustos como los votantes que les van quedando. Observan perplejos como un
partido formado por ciudadanos normales se los ha merendado en ocho meses. Se
han visto atropellados por su propio discurso y sus acciones, y cada intento de
golpear al rival viene devuelto en forma de hachazo. Están obligados a girar
180º, pues el país y las gentes han cambiado y jamás volverán a ser como antes. El problema es que su timón está tan oxidado que ya no responde.
¿No querían que los del 15M
formaran un partido y se presentaran a las elecciones? Sea pues.