El milenarismo va a llegar

domingo, 2 de noviembre de 2014

Habemus Caquita

Pocos pensaban que el engañoso proceso constitutivo al que gustosamente se vieron sometidos nuestros padres y abuelos con tal de ver el final de aquel periodo luctuoso de cuatro décadas bajo el mando de un tirano asesino, pudiese cerrarse con la vertiginosa y traumática rapidez que lo está haciendo en estos últimos tiempos. Digo cerrarse, porque pase lo que pase dentro de un año en las elecciones generales la política española jamás volverá a ser la misma.
Por lo general, el hispano es persona de paciencia y buen carácter, siempre y cuando sus necesidades básicas estén cubiertas lo suficiente como para poder disfrutar de momentos de ocio. Es por este modo de ver la vida que durante todas estas décadas se han ido fraguando, dentro y fuera de las instituciones,  modos de actuar dignos de la familia Corleone, que han abocado al país al estado en el que está tanto económica como anímicamente.
Sería faltar a la verdad si decimos que nos ha cogido por sorpresa. Todos conocíamos, al menos de oídas, los chanchullos que se realizaban dentro de muchas instituciones públicas con empresas privadas. Estas prácticas cementeras germinaron de modo exponencial gracias a la ley de liberalización del suelo del ex presidente Aznar, ese prócer de la patria actualmente escondido posiblemente en el mismo lugar en donde se escondían las armas de destrucción masiva de Hussein. Un personaje con un altísimo concepto de sí mismo, pero con las manos tan sucias como el propio Arropiero. Ahora a este gurú de la política le crecen enanos con cabezas cercenadas a su alrededor: el 75% de su gobierno está o imputado; o en la cárcel o bajo sospecha de haber cobrado en B.
Este cambio les ha cogido en pelotas, eso es así. El desprecio al ciudadano y a la demoledora herramienta que son las redes sociales les ha pasado factura. Sólo cuando te sumerges en ellas a fondo eres consciente de la terrible capacidad que tiene la red de difundir una mentira, pero también de atraparla en minutos. Es por ello que ahora, como gallinas sin cabeza, intentan medidas tan represoras e inútiles como la famosa ley mordaza como medida desesperada de limitar el derecho de expresión en Internet, porque las medias verdades servidas todos estos años a través de muchísimos de sus medios de comunicación ya no valen lo que un saco de abono. Ahora el ciudadano tiene las herramientas para contrastar, juzgar, abochornarse y, en último término, cabrearse terriblemente.
No hace tantos meses muchos se tomaban esto a cachondeo, ahora se les muda el gesto en un rictus que desconocían al verse tan vetustos como los votantes que les van quedando. Observan perplejos como un partido formado por ciudadanos normales se los ha merendado en ocho meses. Se han visto atropellados por su propio discurso y sus acciones, y cada intento de golpear al rival viene devuelto en forma de hachazo. Están obligados a girar 180º, pues el país y las gentes han cambiado y jamás volverán a ser como antes. El problema es que su timón está tan oxidado que ya no responde.

¿No querían que los del 15M formaran un partido y se presentaran a las elecciones? Sea pues.   

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