El milenarismo va a llegar

lunes, 27 de abril de 2015

Cuando los Red Hot molaban



Hace pocos días que me volvía a encontrar con los discos de los Red Hot Chili Peppers del siglo pasado, largamente olvidados durante la traumática transición hacia esta irremediable adultez, y me han transportado a otros tiempos muy distintos a los que ahora vivo. Me han recordado cosas que no volverán nunca más, que quedaron atrás como parte histórica de nuestras vidas. Momentos que han cimentado nuestras amistades, nuestros amores y nuestras desgracias, que lamentablemente también las hubo. Volviendo a escuchar las notas del fantástico “Easily” (en mi opinión el último gran tema esta banda del último disco aceptable) he pensado mucho en la madurez.
Tendemos a entender la palabra madurez como algo positivo, como la victoria de la cordura y la serenidad en nuestras vidas. Con ella logramos dejar atrás la locura de la juventud y nos encaminamos a ser hombres y mujeres de provecho.
Sin embargo yo no tengo tan claro que la madurez sea la victoria de nada, y si no que se lo digan a los propios Red Hot, que desde que han entrado en el nuevo siglo no han vuelto a sacar un disco decente, es más, creo que han perdido su propia identidad como banda confundiendo la evolución y la madurez con la obligación de adaptarse a unos tiempos que quizá no sean para ellos ni estética ni musicalmente.
Pero demagogias aparte podríamos poner ejemplos más acordes con lo que intento expresar. Se dice que Leonardo da Vinci, el hombre más genial que ha parido vientre de mujer, conservó hasta el día de su muerte una chispa de entusiasmo casi infantil que le hacía preguntarse a diario mil cosas distintas. Algo semejante se cuenta del carácter de Mozart, aunque en la película Amadeus se exagere sobremanera ese aspecto. Lo mismo parecía ocurrir con Rafael, Miguel Ángel, García Lorca y probablemente con tantos otros genios de la humanidad. Evidentemente yo no soy ninguno de estos fenómenos de la naturaleza,  pero eso no evita que me pregunte: ¿es posible que, como en la fruta, la madurez sea el paso previo a la podredumbre, o simplemente nos han vendido un concepto de madurez adulterada y muy interesada?
Supongo que dependerá mucho del significado que cada uno de nosotros otorguemos a esta palabra. Si entendemos madurez como una aceptación del paso del tiempo y de nuestras limitaciones y de cómo enfocar una nueva parte de nuestra vida para conducirnos por ella con felicidad, creo que vamos bien. Si la entendemos como un punto y aparte, en donde se debe canjear nuestra llama interior por la imperiosa necesidad de fraguarnos un futuro en donde las facturas sean el faro que nos guíe hasta que lleguemos a la jubilación, ya no lo veo tan claro. Ahí habrán ganado otros, pero me temo que nosotros no. Eso si, habremos sido unas herramientas del sistema muy bien vestidas.
Y en esas estoy yo, que a mis treinta y siete todavía no tengo muy claro el significado que debo o quiero darle a esta palabra tan controvertida. Lo único que tengo claro es que cuando los Red Hot molaban la vida era mejor.

lunes, 6 de abril de 2015

El puñetero cuento de siempre



Generalmente a medida que se acercan unas elecciones, especialmente las municipales, sucede un hecho paradójico en un sistema democrático tan pagado de sí mismo como el que “disfrutamos” en este país. Es el puñetero cuento de siempre, que tanto me calienta esa sangre que la mayoría del año esta tibia y tranquila. Me refiero a esa “sugerencia”, que en realidad es una orden velada, de algunos sectores empresariales de nuestros pueblos y pequeñas ciudades, para votar lo que ellos prefieren o creen más conveniente para nuestro bienestar.
En casi todos los puntos de Galicia, y por extensión del estado, tenemos dos, tres o cuatro patrones con empresas que destacan sobre todas las demás. Y eso está muy bien, ¡y tanto que lo está! Las empresas son tan necesarias como el trabajo que dan, del mismo modo que los trabajadores son necesarios para ellas. Esta sencilla observación, que en principio parece una perogrullada, es un detalle que parece que a ellos se les escapa. Lo triste es que también se nos escapa a nosotros, curritos de españa.
Tampoco nos llevemos a engaño. Está claro que al final cada uno vota lo que se le antoja. Por mucho que te digan y te amenacen, nadie se va a meter contigo en la cabina. Como mucho, algún lacayo de tres al cuarto intentará observar por el rabillo del ojo que papeletas coges, y los más osados intentarán tímidamente si es posible ver algo a través de las cortinas. El resto depende de ti y del valor que le pongas para defender tus ideas, y oye, si el partido que te representa es el mismo que el del patrón en cuestión, pues miel sobre hojuelas.   
Lo que realmente me indigna es que un jefe, sea del signo que sea, prohíba a un empleado que se presente en una candidatura legítima y democrática. Eso es muy grave, y supongo que denunciable.
Es una vergüenza indigna de un sistema democrático coartar la libertad de pensamiento y actuación, con la excusa de que puede ser perjudicial para la empresa o, directamente, sin excusa. El jefe es el jefe y punto. Y si no la pelota es mía y me la llevo, y tu te vas a la puta calle que este es mi cortijo y aquí mando yo y mis cojones toreros.
Igualmente triste es que los que intentamos, dentro de nuestras humildes y pobres posibilidades, hacer de este mundo lo que creemos que debe ser un mundo mejor, nos cuelguen el sambenito de rojos, alborotadores, envidiosos, conflictivos o poco profesionales. Preguntenle ustedes a mis jefes si he sido mal trabajador o poco profesional!! En realidad lo que no quieren es gente que pueda pensar libremente y cuestionar comportamientos medievales. 
Por nada del mundo querría este que escribe amasar montañas de dinero más allá de las necesarias para vivir cómodamente. Es así de simple: aprovecharse del poder que da otorgar trabajo ni es ético, ni debería ser legal. Yo solo busco la utopia de un mundo justo, lo menos contaminado posible, en donde la gente tenga la oportunidad de labrar su destino por sus méritos y no por lo que decida el mercado o un puto broker de allén de los mares. Lo sé: o soy un soñador o un imbécil o un pobre diablo, pero así pienso morir aunque sea en la indigencia.

Todo esto me hace pensar que los primeros interesados en que no exista el pleno empleo son algunos de estos grandes empresarios, porque entonces no podrían mangonear a gusto en su cortijo. A estos lo que les hacía falta era un Hugo Chavez que les dijera: Expropieseee!!!