Hace pocos días que me volvía a
encontrar con los discos de los Red Hot Chili Peppers del siglo pasado,
largamente olvidados durante la traumática transición hacia esta irremediable
adultez, y me han transportado a otros tiempos muy distintos a los que ahora
vivo. Me han recordado cosas que no volverán nunca más, que quedaron atrás como
parte histórica de nuestras vidas. Momentos que han cimentado nuestras
amistades, nuestros amores y nuestras desgracias, que lamentablemente también
las hubo. Volviendo a escuchar las notas del fantástico “Easily” (en mi opinión el último gran tema esta banda del último
disco aceptable) he pensado mucho en la madurez.
Tendemos a entender la palabra
madurez como algo positivo, como la victoria de la cordura y la serenidad en
nuestras vidas. Con ella logramos dejar atrás la locura de la juventud y nos
encaminamos a ser hombres y mujeres de provecho.
Sin embargo yo no tengo tan claro
que la madurez sea la victoria de nada, y si no que se lo digan a los propios
Red Hot, que desde que han entrado en el nuevo siglo no han vuelto a sacar un
disco decente, es más, creo que han perdido su propia identidad como banda
confundiendo la evolución y la madurez con la obligación de adaptarse a unos
tiempos que quizá no sean para ellos ni estética ni musicalmente.
Pero demagogias aparte podríamos
poner ejemplos más acordes con lo que intento expresar. Se dice que Leonardo da
Vinci, el hombre más genial que ha parido vientre de mujer, conservó hasta el
día de su muerte una chispa de entusiasmo casi infantil que le hacía
preguntarse a diario mil cosas distintas. Algo semejante se cuenta del carácter
de Mozart, aunque en la película Amadeus se exagere sobremanera ese aspecto. Lo
mismo parecía ocurrir con Rafael, Miguel Ángel, García Lorca y probablemente
con tantos otros genios de la humanidad. Evidentemente yo no soy ninguno de
estos fenómenos de la naturaleza, pero
eso no evita que me pregunte: ¿es posible que, como en la fruta, la madurez sea
el paso previo a la podredumbre, o simplemente nos han vendido un concepto de
madurez adulterada y muy interesada?
Supongo que dependerá mucho del
significado que cada uno de nosotros otorguemos a esta palabra. Si entendemos
madurez como una aceptación del paso del tiempo y de nuestras limitaciones y de
cómo enfocar una nueva parte de nuestra vida para conducirnos por ella con
felicidad, creo que vamos bien. Si la entendemos como un punto y aparte, en
donde se debe canjear nuestra llama interior por la imperiosa necesidad de
fraguarnos un futuro en donde las facturas sean el faro que nos guíe hasta que
lleguemos a la jubilación, ya no lo veo tan claro. Ahí habrán ganado otros,
pero me temo que nosotros no. Eso si, habremos sido unas herramientas del
sistema muy bien vestidas.
Y en esas estoy yo, que a mis treinta
y siete todavía no tengo muy claro el significado que debo o quiero darle a
esta palabra tan controvertida. Lo único que tengo claro es que cuando los Red
Hot molaban la vida era mejor.