Generalmente a medida que se
acercan unas elecciones, especialmente las municipales, sucede un hecho paradójico
en un sistema democrático tan pagado de sí mismo como el que “disfrutamos” en
este país. Es el puñetero cuento de siempre, que tanto me calienta esa sangre
que la mayoría del año esta tibia y tranquila. Me refiero a esa “sugerencia”, que
en realidad es una orden velada, de algunos sectores empresariales de nuestros
pueblos y pequeñas ciudades, para votar lo que ellos prefieren o creen más
conveniente para nuestro bienestar.
En casi todos los puntos de Galicia,
y por extensión del estado, tenemos dos, tres o cuatro patrones con empresas
que destacan sobre todas las demás. Y eso está muy bien, ¡y tanto que lo está! Las
empresas son tan necesarias como el trabajo que dan, del mismo modo que los
trabajadores son necesarios para ellas. Esta sencilla observación, que en
principio parece una perogrullada, es un detalle que parece que a ellos se les
escapa. Lo triste es que también se nos escapa a nosotros, curritos de españa.
Tampoco nos llevemos a engaño. Está
claro que al final cada uno vota lo que se le antoja. Por mucho que te digan y
te amenacen, nadie se va a meter contigo en la cabina. Como mucho, algún lacayo
de tres al cuarto intentará observar por el rabillo del ojo que papeletas coges,
y los más osados intentarán tímidamente si es posible ver algo a través de las
cortinas. El resto depende de ti y del valor que le pongas para defender tus
ideas, y oye, si el partido que te representa es el mismo que el del patrón en
cuestión, pues miel sobre hojuelas.
Lo que realmente me indigna es que
un jefe, sea del signo que sea, prohíba a un empleado que se presente en una
candidatura legítima y democrática. Eso es muy grave, y supongo que
denunciable.
Es una vergüenza indigna de un
sistema democrático coartar la libertad de pensamiento y actuación, con la
excusa de que puede ser perjudicial para la empresa o, directamente, sin
excusa. El jefe es el jefe y punto. Y si no la pelota es mía y me la llevo, y
tu te vas a la puta calle que este es mi cortijo y aquí mando yo y mis cojones
toreros.
Igualmente triste es que los que
intentamos, dentro de nuestras humildes y pobres posibilidades, hacer de este
mundo lo que creemos que debe ser un mundo mejor, nos cuelguen el sambenito de
rojos, alborotadores, envidiosos, conflictivos o poco profesionales. Preguntenle ustedes a mis jefes si he sido mal trabajador o poco profesional!! En
realidad lo que no quieren es gente que pueda pensar libremente y cuestionar
comportamientos medievales.
Por nada del mundo querría este que escribe amasar
montañas de dinero más allá de las necesarias para vivir cómodamente. Es así de
simple: aprovecharse del poder que da otorgar trabajo ni es ético, ni debería
ser legal. Yo solo busco la utopia de un mundo justo, lo menos contaminado
posible, en donde la gente tenga la oportunidad de labrar su destino por sus méritos
y no por lo que decida el mercado o un puto broker de allén de los mares. Lo sé: o soy un soñador o un imbécil o un pobre diablo, pero así pienso morir aunque sea en la indigencia.
Todo esto me hace pensar que los
primeros interesados en que no exista el pleno empleo son algunos de estos
grandes empresarios, porque entonces no podrían mangonear a gusto en su
cortijo. A estos lo que les hacía falta era un Hugo Chavez que les dijera:
Expropieseee!!!
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