Un tontaco, que fácilmente podría
ser cualquiera de nosotros, se emociona frente al televisor cuando ve a un
grupo de multimillonarios y excelentes jugadores de fútbol levantar una copa
que le va a dar mucho honor y orgullo al país y trescientos mil euros no
tributables a hacienda a cada uno de esos jovenes. Mientras tanto, ese mismo
día, el gobierno del tontaco finalizando una cortina de humo con suerte
magistral, se dispone a subir el iva al 21% (como en toda europa, pero con
salarios mucho peores), impuestos varios, instaurar el copago sanitario y demas
canalladas serviles para satisfacer las exigencias de los señores de Bruselas,
qué les faltan huevos para atacar a los que realmente están dinamitando las
economías europeas mas de lo que lo han hecho los propios europeos, pero no
tienen escrúpulos para llevar a millones de personas a situaciones límite.
Pocos días despues ese mismo
tontaco se indigna leyendo en su periodico favorito diez páginas (¿¡Diez
páginas?!) que hablan de los insultos y amenazas, tristes, de un asesor
abertzale, posiblemente borracho, a unos seguidores de la roja (por lo menos
este tío tuvo la vergüenza de dimitir, no como otros). Ese mismo día entraban
en Madrid miles de mineros despues de veinte días de camino por sus derechos,
arropados por miles de madrileños. Apenas media tendenciosa y apestosa página
poniéndolos a parir y tratándolos de vividores. Espérate, que ahora resulta que
los mineros tiene la culpa de como está España.
“El sheñor de los hilillhos” este mentiroso compulsivo que el país
tiene por presidente, ese siervo de Botín y compañía, dice que no nos queda
otra que achantar, que la cosa “tá mu mala, que vamos a tener que freir los
huevos con saliva”, que prometió oro pero nos la metío doblada no precisamente
un moro.
Somos los antílopes del mundo
capitalista; todos los depredadores se alimentan de nosotros, y lo harán de
nuestras crías y de las crías de sus crías en una perpetua merienda de cerdos.
Pero el tontaco sigue a lo suyo,
repitiendo las palabras en negrita de sus periódicos (porque las editoriales ni
las lee) y memorizando los eslogans de sus tertulias favoritas.
Un little bastard, hijo del tontaco, sostiene sobre su cabeza una
papelera que en teoría solo debería contener papel y plásticos, pero que en
realidad contiene restos de merienda, bolsas de gusanitos a medio terminar e
incluso un pañal cortesía de la casa. Por supuesto ese contenido finaliza en el
suelo, como casi todas las ilusiones de nuestra generación, esperando a que un
servidor lo recoja diligentemente, “que para eso estoy” no vaya a ser que a la
mami o al papi, que ni tan siquiera se han percatado o lo han ignorado, se le
rompan las uñas o los cuernos por pedir una escobita. Los profesores enseñan,
son los padres los que tienen que educar.
Si pensais que este último
parrafo no está relacionado con lo demás, en mi opinión os equivocais. La raíz
del problema de este país no radica principálmente ni en los políticos ni en
los banqueros si no en los tontacos maleducados, que siguen permitiendo y
eligiendo en las urnas a esta clase de gentuza. Tontacos que criarán little bastards que a su vez serán
tontacos en un futuro que seguiran gritando “yo soy español, español...”
mientras lo sodomizan empleando la vaselina de los medios de comunicación.
Smell like shit, no future, destroy.
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