Ayer por la noche, tumbado en el
sofá, sufrí uno de mis frecuentes malestares pasajeros. Fué una especie de
hormigueo frío y desagradable en la parte interior derecha del tórax. Como
siempre, desde que a los dieciocho una experiencia extrema me enseño que no hay
medicina, virus o doctor como el propio cerebro, conseguí controlarlo en pocos
minutos, pero me dejo un regusto frustrante y una certeza: soy un paranoico de
cojones.
Es así. El primer paso es
reconocerlo. No es que tenga un par de manías, no. Soy el campeón gallego de la
paranoia, como mínimo. No hay un día en el mundo que no me duela el pecho, un
brazo, una zona de la cabeza, el huevo derecho, la junta de la trócola o me de
un mareillo raro. Lo tengo asumido, es lo que hay... y tampoco puedo decir que
me esfuerce demasiado por evitarlo. Lo suyo sería ir al médico a hacer unos
análisis para que mi cerebro sea todavía mas consciente de que todo va bien,
pero hay un problema: tambien soy un acojonado. Odio las agujas, los rollos
estos de madera para bajar la lengua, los tensiómetros, los estetoscopios y
sobre todas las cosas las putas gomas que te ponen en el brazo para marcar la
vena. Joder, podemos poner un robot en marte, descubrimos que hay unas cosas
que se llaman neutrinos que van mas rápido que la luz, clonamos animales...
pero para hacer unos análisis hay que ponerse en fila rodeado de yayos y
esperar a que te amarren un cacho de goma al brazo y te saquen tres tubos de
sangre. ¿No podía llegar con un par de gotas de un pinchacito en el dedo? Es que
solo de pensarlo me mareo, no sé de donde sacar arrestos para ponerme delante
de esas Miuras de la medicina que son las enfermeras. Si el miedo es libre,
joder, ¡yo soy Braveheart!. Y cuidado, que ya he conseguido superar unas cuantas
fobias. El dentista (cuando una muela duele de verdad, ni miedo ni pollas en
vinagre), el ascensor (superado
en la adolescencía) y estoy en trámites de superar el pánico al avión de una
vez por todas (coño, se nadar, se caminar, pero volar no, chico). De las moscas de los caballos prefiero no hablar, que puto asco, ¿para que coño sirven?
En fin, está claro que peligro no
es mi apellido, pero aun así soy bastante feliz. Por alguna razón mi chica
todavía me quiere, aun me aguanta el curro y mi vida aun no se ha convertido en
la puta mierda que está siendo para mucha gente, pero bueno, al tiempo.
Bueno, os dejo que ya me está
doliendo el cuello... espero que no sea nada chungo. Tengo que hacer unos
análisis... aingss!
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