El milenarismo va a llegar

miércoles, 29 de agosto de 2012

Intimidades Paranoicas


Ayer por la noche, tumbado en el sofá, sufrí uno de mis frecuentes malestares pasajeros. Fué una especie de hormigueo frío y desagradable en la parte interior derecha del tórax. Como siempre, desde que a los dieciocho una experiencia extrema me enseño que no hay medicina, virus o doctor como el propio cerebro, conseguí controlarlo en pocos minutos, pero me dejo un regusto frustrante y una certeza: soy un paranoico de cojones.
Es así. El primer paso es reconocerlo. No es que tenga un par de manías, no. Soy el campeón gallego de la paranoia, como mínimo. No hay un día en el mundo que no me duela el pecho, un brazo, una zona de la cabeza, el huevo derecho, la junta de la trócola o me de un mareillo raro. Lo tengo asumido, es lo que hay... y tampoco puedo decir que me esfuerce demasiado por evitarlo. Lo suyo sería ir al médico a hacer unos análisis para que mi cerebro sea todavía mas consciente de que todo va bien, pero hay un problema: tambien soy un acojonado. Odio las agujas, los rollos estos de madera para bajar la lengua, los tensiómetros, los estetoscopios y sobre todas las cosas las putas gomas que te ponen en el brazo para marcar la vena. Joder, podemos poner un robot en marte, descubrimos que hay unas cosas que se llaman neutrinos que van mas rápido que la luz, clonamos animales... pero para hacer unos análisis hay que ponerse en fila rodeado de yayos y esperar a que te amarren un cacho de goma al brazo y te saquen tres tubos de sangre. ¿No podía llegar con un par de gotas de un pinchacito en el dedo? Es que solo de pensarlo me mareo, no sé de donde sacar arrestos para ponerme delante de esas Miuras de la medicina que son las enfermeras. Si el miedo es libre, joder, ¡yo soy Braveheart!. Y cuidado, que ya he conseguido superar unas cuantas fobias. El dentista (cuando una muela duele de verdad, ni miedo ni pollas en vinagre), el ascensor (superado en la adolescencía) y estoy en trámites de superar el pánico al avión de una vez por todas (coño, se nadar, se caminar, pero volar no, chico). De las moscas de los caballos prefiero no hablar, que puto asco, ¿para que coño sirven?
En fin, está claro que peligro no es mi apellido, pero aun así soy bastante feliz. Por alguna razón mi chica todavía me quiere, aun me aguanta el curro y mi vida aun no se ha convertido en la puta mierda que está siendo para mucha gente, pero bueno, al tiempo.
Bueno, os dejo que ya me está doliendo el cuello... espero que no sea nada chungo. Tengo que hacer unos análisis... aingss!

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