El milenarismo va a llegar

jueves, 22 de noviembre de 2012

Hotel


Mientras removía un tazón de agua caliente con leche en polvo y masticaba con desgana unos melocotones en conserva, el hombre observaba a través de la cristalera del restaurante del hotel el más que posible cadáver de un olivo centenario. Probablemente la dirección del establecimiento había decidido en su momento o bien respetarlo o transplantarlo desde otro lugar para darle majestad a un pequeño jardín que se suponía bien cuidado no muchos meses atrás. Aunque carecía de conocimientos forestales, el tono grisáceo del tronco no auguraba demasiadas señales de vida, pero al menos hacía juego con el color general que predominaba en el exterior: gris ceniza, como el presente que le había tocado sobrevivir. Se levantó de la mesa y entró en la cocina para lavar el tazón y el plato. En el tiempo que llevaba viviendo en el hotel, se había impuesto unas directrices para llevar los días sin entrar en una vorágine autodestructiva. La higiene era la primera de ellas. Mantener el lugar en condiciones le hacía sentirse bien, como si de algún modo estableciese una relación simbiótica con su anfitrión. El era el frailecito que limpia los dientes del cocodrilo a cambio de comida y protección. Además, limpiando evitaría que las plagas se adueñasen del lugar y se mantenía ocupado buena parte del día.

No hay comentarios:

Publicar un comentario