Otra semana más hemos amanecido con tonos grises en nuestro Pequeño WuHan, y es evidente que no hablo solo del tiempo. En días como los actuales una situación de puro e inocente costumbrismo matinal, como comprar un producto cualquiera, se puede convertir en un desagradable sainete. Permitid que os exponga lo que me sucedió esta semana en una teatral situación abreviada:
Peatonal del Pequeño WuHan, exterior, mañana desapacible y lluviosa.
- Buenas que tal, me das *****
- Si claro, y que ¿como lo llevas? -pregunta.
- Bien, aguantando, es lo que hay, básicamente. -contesté
Ahí el amigo se vino arriba rápido, pues teníamos algo de confianza y se conoce que se le suelta la lengua con la misma facilidad que a un servidor.
- No es lo que hay, lo que pasa es que la culpa de todo esto es de las televisiones y de las noticias inventadas por las corporaciones, y del gobierno que quiere instaurar el puto comunismo. (Más o menos, algo así, pero lo de “puto comunismo” fue literal)
En fin, cualquiera con un mínimo de conocimiento percibirá el sinsentido de esta curiosa afirmación. “Televisiones o corporaciones que quieren instaurar el comunismo” es casi como decir “Votante de Vox que lee a Saramago”, básicamente una quimera; un unicornio rosa; un tweet inteligente de Pablo Casado.
Yo, como paciencia tengo poca en este sentido, le contesté:
- Claro, entonces Alemania, Francia, Inglaterra o Italia también son comunistas… o EEUU, también comunista.
- ¿El presidente nuevo de EEUU? ¡Comunismo puro! Trump iba a destapar muchas cosas. Fíjate que incluso unos militares americanos firmaron un nosequé jurando proteger el país a toda costa ¿no ves las noticias? (¿¿Me acaba de decir no ves las noticias, el mismo que me acaba de hablar de noticias compradas?? Pues sí, me lo acaba de decir)
Le quise replicar que de los únicos militares sobre los que había escuchado hablar algo estos últimos días, era de esas momias retiradas del ejercito español que hablaban de fusilar a 26 millones de rojos pero, viendo que la charla no tenía otro recorrido que una inevitable confrontación mañanera, Bilbo y yo seguimos nuestro camino barriendo la disputa bajo la alfombra.
Pero, sinceramente, me quedé algo tocado. Primero porque una vez más corroboré que los ánimos siguen a flor de piel; segundo porque pude comprobar que donde menos te lo esperas salta la liebre del fake y tercero porque no acabo de tener claro si volveré a comprar dicho producto, al fin y al cabo tampoco me gusta tanto.
Es triste percatarse de como, incluso en tu propio pueblo, la táctica impuesta por la ultraderecha al más puro estilo nazi de Goebbels ha dado sus frutos sobradamente y se ha enquistado como un ultracuerpo en una buena parte de nuestra población, que ya de por sí venía bastante tocada de antes: baste recordar como la gente agotó el papel higiénico de los supermercados la primera semana del confinamiento. En mi intrascendente opinión, esto ocurrió por todas las veces que nos repitieron en todos los medios el mantra aquel de que en Venezuela no había papel del culo, y que con este gobierno íbamos camino de ser Venezuela (Venezuela, comunismo, Venezuela, comunismo… y una pizca de Eta que no falte)
Los más crédulos, y creo sinceramente que empleo un calificativo muy amable, picaron como auténticos pollinos. Aun hoy algunos siguen tirando de la celulosa que compraron en Marzo.
La difusión de este tipo de bulos (sobre todo de Vox, pero a los que tampoco el PP hace ningún asco) ha terminado por calar en buena parte de nuestra población, muy confundida ya por el exceso de escombro y ruido. Incluso uno mismo, que se tiene por alguien que discierne mínimamente, duda ya de si alguna de todas estas noticias será verdad, porque alguien tiene que ser responsable de algo en esta situación de mierda.
La culpa de este escenario demencial no es exclusiva de los políticos; también y muy especialmente es, una vez más, de los medios de comunicación que ya no se molestan en contrastar nada y tiran únicamente de lo que les interesa, que no es vender noticias, si no ganar (o no perder) anunciantes. Una verdadera lástima para una sociedad supuestamente moderna, que debería aspirar a un progreso intelectual y no solo económico, tener este cuarto poder mercenario. Nunca quisieron pensadores, solo consumidores.
Pero para que veamos hasta que punto es una pasada las trolas que nos han contado os enumero, como hizo Enrique Santiago hace unos días en el congreso, algunas de las primeras de ellas. El empacho de invents empezó con aquel informe australiano sobre la pandemia que al final era una mierda pinchada en un palo escrita por un contable pero que Casado se dedicó a exprimir durante una semana; otra fue decir que el Coletas era el culpable de la mortandad en las residencias (cuando las residencias fueron responsabilidad de cada comunidad); las imágenes de muertos en Lampedusa o las de Ecuador (ambas atribuidas falsamente a morgues españolas); aquel almacén de folios que corrió como la tinta por los grupos de wassap como un presunto almacén de EPIS que el gobierno escondía; aquella foto manipulada de los ataudes en Gran Vía… no os quiero comer la cabeza, pero hay decenas más. Ahora, ocho meses después, han sacado su verdadera cara medieval e inquisidora para cargar contra una ley tan necesaria como la de la eutanasia. Son la peor ralea de este estado y quien no lo quiera ver es, sin duda, o ciego o cómplice.
Y claro, con tanta confusión intencionadamente sembrada, al final te encuentras por la peatonal con la gente caminando con la nariz por fuera de la mascarilla, o convencida de que la vacuna es para controlarnos con un microchís. En definitiva, restan importancia al virus bajo la excusa de que todo es para tenernos controlados, mientras le dan su numero de teléfono, insisto, al Facebook, al Twitter e incluso a aquel príncipe nigeriano que necesitaba la ayuda de un buen occidental para sacar sus millones del país.
Tratan de confundirnos porque todavía tienen mucho que perder, pero muchísimo más que ganar. Han usado, usan y seguirán usando todos los contagios y las muertes que sean necesarias. Nada detendrá su empeño para llegar al poder de nuevo del modo que sea y hacer que los abundantes errores del actual ejecutivo parezcan ambrosía en nuestros lábios. Y lo habremos merecido, porque no damos para más.
Si Castelao me permite una pequeña y escatológica analogía diré que, nos meten una caca de conejo en la boca y nos cuentan que es un conguito y, aunque ni huela ni sepa igual, lo masticamos, lo tragamos y repetimos “es un conguito, que rico”.
Suspiren
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