La exposición del imperio Persa
“No hace falta que te cuente mi obsesión por las antiguas Roma y
Grecia. Este amor hacia la cultura clásica ha sido, entre otras
muchas cosas maravillosas, un puente a otras obsesiones paralelas de
igual o mayor atracción para mi. Primero fue, por supuesto, Egipto y
sus innumerables misterios, después los fenicios, la cultura
minoica…en fin, piezas de dominó que caen una tras otra y que no
podré dejar de estudiar y admirar hasta el día de mi partida a los
Elíseos.
Sin embargo estos últimos años, ahondando en algunos mitos,
leyendas y textos históricos del pueblo griego y unos pocos del
egipcio, me he ido enamorando, texto tras texto, de este imperio al
que, inexplicablemente, no le había dedicado todavía mi total
atención, pues es asombrosa la enorme importancia que el antiguo,
enorme y casi olvidado imperio persa tuvo en el devenir del mundo
civilizado actual.
No te preocupes, ya te pasaré parte de toda esta documentación que
deberás intentar asimilar lo mejor posible pero, para que te hagas
una idea, debes conocer que, durante más de doscientos años (entre
el 550 hasta el 331 a.C), lo que ahora es Irán, era el corazón de
uno de los imperios más poderosos de la historia de la humanidad.
Fue tan larga su sombra que llegó, en determinados momentos, a
abarcar territorios desde Egipto hasta el Cáucaso, pasando por Asia
Central. Como sabes, terminaron por caer ante el empuje del gran
Alejandro Magno, pero parte de su huella quedó fijada, indeleble, en
multitud de culturas posteriores hasta nuestros días.
Comprenderás mi empeño de que un imperio de esta magnitud merece
ser recordado como la gran civilización que era, mas allá de unos
tebeos o de un par de películas descontextualizadas, y mi
pretensión de darlo a conocer al gran público un poco más. Y para
ellos hemos elaborado una exposición única e inédita en el mundo.
Durante todo este último año he estado trabajando estrechamente con
mi buen amigo Majid Farhad. Majid es el actual conservador del museo
Nacional de Teherán al que, casualmente, conocí en una visita a la
ciudad de Herculano durante mis años de estudiante en Italia. Es
hijo de un millonario iraní, un apasionado de la historía antigua y
un bebedor de limoncello extraordinario. Hicimos buenas migas
enseguida y, aunque hace años que no nos vemos personalmente,
hablamos con cierta frecuencia por internet. Así que hace unos meses
me puse en contacto con él para exponerle mi idea, comprobar la
operatividad de ésta y una vez llegados a un acuerdo con el
ministerio de cultura iraní, empezar a tramitar todos los permisos
necesarios para que una multitud de objetos, joyas y murales diversos
en forma de muestra al público, salga por primera vez de donde han
estado todos estos años y recale en primer lugar, antes que en
ningún sitio del mundo, en este humilde museo. Hace unas pocas
semanas Majid me ha comunicado que todo se había puesto en marcha
convenientemente y la próxima, por fin, tú y yo estaremos montando
una de las exposiciones más interesantes de los últimos tiempos.
En cuanto al trabajo, tu puesto oficial será el de ayudante del
conservador, y obedecerás únicamente mis órdenes. Ayer te dije que
era un mes; en realidad son dos meses: quince días para organizar y
montar, un mes de exposición y quince días para desmontar y mandar
al British Museum, que será su siguiente parada.
¿Alguna pregunta?”
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