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El rector sirvió una infusión humeante de hierbas a
Essié mientras esta se acomodaba en uno de los cojines del salón
central de la escuela. Se sentía satisfecho de haberla vuelto a ver
tan rápido. Era un síntoma inequívoco de que la joven había
estado reflexionando sobre la conversación que habían tenido días
atrás, pero no aguardaba una visita tan pronta y eso era, quizá, un
pequeño motivo por el que no sentirse plenamente confiado. Se sentó
frente a ella y a su pesar comprobó que, una vez más, el silencio
de Essié era tan difícil de quebrar como de soportar sin sentirse
cohibido de alguna extraña manera. Desde luego, pensó, es evidente
que esta no es una joven corriente.
Procurando disimular su incomodidad, el rector hizo un gesto amable
con las manos invitándola a hablar a lo que ella accedió enseguida:
- He estado pensando mucho en nuestro pasado encuentro
y debo decirle que he hecho verdaderos esfuerzos por ponerme en su
lugar -dio un sorbo del tazón para engrasar sus ideas y encontrar
las palabras adecuadas para continuar-, He intentado entender la
posición en la que usted se encuentra a pesar de que ignoro sus
costumbres y tradiciones. Sigo sin alcanzar a comprender como un
padre puede condenar a su hijo, aunque eso quizá no sea exclusivo de
su cultura -Essié dio un nuevo sorbo, pausado, y repasó las
palabras que había estado eligiendo antes de proseguir- Yo intentaré
no cometer esos errores con mi hija, por eso estoy aquí, porque
Darya quiere conocerle más y pasar tiempo con usted.
- ¿Que pretendes decir con eso? - dijo el rector
mostrándose totalmente confundido- ¿ Que te lo ha dicho la niña?
¡Si todavía no articula palabra!
- No es que me lo haya dicho de viva voz, pero de
algún modo que no soy capaz de describir ella me lo transmite. La
escucho en mi cabeza, especialmente antes de quedarnos dormidas. Es
algo tan natural y hermoso que me cuesta expresarlo con palabras. Soy
consciente de que suena extraño, pero creía que a usted no le
sorprendería.
- Pues me sorprende, y mucho -el rector se quedo
callado un momento con la mirada fija en los ojos de Essié
sopesando, ahora él, las palabras que iba a decir-. Nuestro pueblo,
entre otros muchos rasgos que nos diferencian de vosotros, tiene la
capacidad de hablar sin producir sonidos, pero es una característica
que se manifiesta a partir de una edad bastante más tardía que la
de Darya. Has hecho bien en venir y agradezco profundamente tu
esfuerzo y comprensión. Ahora depende de mí corresponderte y
demostrar que no te has o, mejor dicho, habéis equivocado. Te ruego
que abras tu mente un poco más todavía si te sientes con fuerzas.
Tienes cosas que asimilar.
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