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- Creo que no deberías volver a afeitarte en una buena temporada – dijo Leo, mientras ponían rumbo al centro de la ciudad tras abandonar la nave-. Es hora de que Dédalo aparezca de nuevo.
- ¿Tú crees? –exclamó Iván sorprendido-. Yo no estoy tan seguro.
- Pues yo absolutamente. ¿Dónde está ese entusiasmo de hace un momento? –le espetó-. Compañero, no es que solo levites a tu antojo, algo ya de por sí increíblemente espectacular, si no que puedes hacer que al menos una persona levite contigo. ¿Te imaginas la de cosas magníficas que puedes realizar? –exclamó agarrando su brazo con entusiasmo-. Eso, sin mencionar que acabas de levantar este coche casi un metro del suelo. Usando la imaginación, ahora las posibilidades para tú espectáculo son infinitas.
- Bueno –lo interrumpió Iván-, tanto como infinitas…
- Pues prácticamente. ¡Date el lujo de fantasear un poco, Iván! Entiendo que estés sobrecogido por el carrusel de sorpresas pero, ¿Se te ha ocurrido pensar que podrías, por ejemplo, caminar sobre las aguas? Al último que hizo algo parecido lo llamaron Mesías… eso sí, después lo crucificaron. Aguardemos no llegar a tales extremos contigo –bromeó.
- Pues francamente, eso sí que no se me había ocurrido. Aunque creo haber visto por televisión magos que ya pueden hacer eso –Iván semejaba estar, efectivamente, algo sobrepasado por la cantidad de novedades.
- Si, yo también los he visto, pero jamás lo harán como lo podrías hacer tú –Leo se detuvo en un semáforo en rojo y aprovechó para gesticular con vehemencia-. Esos magos se mueven tan despacio que parece que vayan a cámara lenta. Lo hacen para no caerse del soporte que los sostiene bajo el agua o cualquiera que sea el complicado método que usen. Tú lo único que tienes que hacer es mojarte la suela de los zapatos mientras simulas caminar a buen ritmo en la dirección que prefieras, ¡Podrías incluso bailar una muiñeira sobre las olas del mar, si lo quisieras! –el semáforo se puso en verde de nuevo-. Y respecto a lo de levantar cosas, todavía no sabemos el peso exacto que puedes llegar a elevar. Aunque ese tema no será difícil de averiguar, supongo.
- Pues tendremos arriesgarnos a salir al aire libre, al menos para lo de caminar sobre las aguas –dio Iván con resignación.
- Eso tiene fácil arreglo –contestó Leo. En cuanto pudo, el conservador giró en el primer desvío que encontró. Iván se acomodó en el asiento sin pedir explicaciones y se dedico a mirar por la ventana como oscurecía. Creía saber perfectamente lo que su amigo había pensado.
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