El milenarismo va a llegar

miércoles, 13 de mayo de 2020

Novela de Confinamiento - capítulo 42

42


El conservador Fugazzi se contorsionaba lo máximo que podía para observar el espectáculo tras el escenario del teatro sin ser visto por el público, mientras no dejaba de pensar y hablar consigo mismo. Afortunadamente, el dolor que hasta hacía bien poco sentía en las mandíbulas a causa de la tensión comenzaba a disiparse. La cosa no podría ir mejor. Bueno, quizá si. Sin duda había que mejorar los pocos trucos en los que Dédalo no utilizaba su poder de una u otra forma. Puede que fuese ponderable gastarse un poco más de dinero, si la cosa iba como prometía, en algún artificio de calidad que diese un poco más de variedad al espectáculo. Pero lo más que más le había quitado el sueño las últimas noches, estaba sucediendo ante sus ojos sin ningún problema aparente. Aun más, era magnífico. Y no únicamente porque Iván lograra mantener la calma y desarrollase los números como habían previsto, no. Lo más increíble era como se había metido dentro el personaje, la manera en que dramatizaba cada palabra y cada movimiento de Dédalo. El modo en que personificaba el aura oscura y misteriosa del mago, como si realmente no fuese alguien de este mundo o de este tiempo, era totalmente místico; casi mesiánico. Estaba seduciendo al público a su antojo, eso lo podía ver perfectamente tras la cortina: aquellas caras eran de asombro, en menor o mayor medida, pero eran puro asombro e incredulidad. ¿Cómo no iban a serlo?, pensó Leo. Ahora estaba levantando a una persona del público en el aire. ¡Observa la cara que pone la muchacha!, se dijo. Se nota que no es un gancho, ¡tiene que notarse por fuerza!
El conservador pensó que todas las discusiones con el director del museo por su aparente inactividad tras la remodelación habían valido la pena. En poco tiempo Iván no lo necesitaría más. Posiblemente ya no lo necesitase ahora y era él mismo el que se obstinaba en cerrar el círculo para poder apartarse de esta historia increíble y dejar que su auténtico protagonista continuase su rumbo con otra compañía infinitamente más provechosa que la suya. Mucho había ganado ya con esta aventura, sobre todo espiritualmente, y sentía que, en parte, había saldado la deuda con su amigo. Quizá fuese este el momento de izar las velas y buscar un nuevo rumbo para su nave.

Un gran estruendo lo sacó de sus pensamientos. El teatro entero se agitaba en una enorme ovación. La función había llegado a su fin y al él le había pillado divagando, pero no lo preocupaba demasiado. Había visto más que suficiente. Se acercó al lado izquierdo del escenario y desde allí pudo ver a Iván recibiendo el reconocimiento del público, prácticamente inmóvil y sereno, llevando el personaje consigo hasta el último término. Finalmente levantó levemente una mano en señal de agradecimiento y dejo escapar algo parecido a una sonrisa antes de acercarse hasta donde estaba el conservador y desaparecer de la vista del público. Al llegar a su lado, Leo pudo comprobar que su amigo estaba tan empapado en sudor que del final de su barba manaba un pequeño arroyo. Aun así, no le importó felicitarle con un abrazo que cortaría la respiración a cualquiera que no estuviese acostumbrado.


  • Vamos a tener que hacer algunos cambios en el vestuario si no queremos que un día de estos me de un golpe de calor–dijo Iván resoplando mientras se quitaba la cazadora y el gorro-, por lo demás todo ha ido bastante bien ¿no?
  • Mejor que bien, diría yo.
  • Estupendo, enseguida hablamos, pero primero se amable y dame una botella de agua antes de que me desmaye aquí mismo.


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