El milenarismo va a llegar

lunes, 11 de mayo de 2020

Novela de Confinamiento - Capítulo 40


40


Un cuenco casi rebosante de leche de cabra se hallaba sobre una mesa. Quizá usted no haya tomado nunca leche de cabra. No es demasiado habitual en las civilizaciones occidentales, porque su sabor es un poco más fuerte que la de la vaca y contiene más materia grasa, lo que la convierte en un lácteo con demasiada personalidad para nuestro modo de vida. Eso sí, diremos en su descargo que la leche de cabra contiene también más vitaminas, proteínas y minerales que la de la vaca y ha salvado a lo largo de la historia miles y miles de vidas de bebés.
Pues bien, centrémonos en ese cuenco que se halla justo en el centro de una mesa de madera bien tallada. Imagine ahora como ese cuenco se despega de dicha mesa y se eleva, suave y cadenciosamente, sin derramar una sola gota.



- Muy bien Darya, despacio; mantén la concentración fija en el cuenco. Eso es pequeña, excelente.

A pesar del silencio total en la estancia, la grave voz de su abuelo resonaba con claridad en el interior de su cabeza. La niña tiene ahora cuatro años, y lleva algo más de un año siendo instruida por el rector casi todas las mañanas durante un buen rato.
Mientras los demás alumnos están en clase con sus maestros, la pequeña aprovecha todas las lecciones que le puede exprimir a quien se ha convertido en su mentor. Y le encantan, dicho sea de paso. Le entusiasma poder mover cosas sin tocarlas con las manos -algo que todavía está aprendiendo y que tiene absolutamente prohibido hacer fuera de la escuela-, o hablar con su abuelo sin mover los labios. ¡Ojalá pudiera hacerlo con sus otros abuelos en casa!, pero no sabé porqué ellos no la escuchan. La que sí la escucha es mamá, pero mamá tiene que contestarle hablando. Aunque tampoco es necesario que mamá no le pueda contestar dentro de su cabeza, porque ellas se entienden estupendamente con la mirada sin que sea necesario nada más, y eso sí que no podía hacerlo con nadie excepto con ella.
Darya tenía una habilidad especial para la comunicación más allá de sus propios dones adquiridos. Con apenas un año empezó a hablar con una fluidez tan inusitada para su edad que Essié tenía que disciplinarla para que no llamara la atención demasiado fuera de casa. Pero eso no era suficiente para sujetar los impulsos de la niña.
A veces, Essié se llevaba a su hija a pasear entre los puestos del mercado. Mientras su madre curioseaba entre telas y especias, Darya observaba con atención todo lo que la rodeaba. En más de una ocasión, la pequeña sorprendía a comerciantes llegados de todos los puntos del imperio, daba igual que fueran fenicios, egipcios o griegos. Poco después de escucharlos conversar, Darya podía saludarlos o preguntarles cualquier cosa en cualquiera que fuese el idioma que ellos hablasen, provocando así el asombro de todo el que la escuchaba y la precipitada y malhumorada retirada a casa de su madre.
Darya posee la facultad del lenguaje universal: entiende todos los idiomas y todos la entienden a ella cuando habla. Es uno de los mayores y más útiles dones que tiene nuestro pueblo” Le explicó el rector a Essié.
Como facultad es maravillosa, sí, pero a ver si me puedes ayudar a que aprenda pronto a dominarla. De lo contrario tendré que sacarla a la calle con una mordaza en la boca.” Le contestó ella.
“ La niña es increíblemente despierta, aprende rápido y muestra una inteligencia innata. Debes tener paciencia con ella; si todo continúa como parece, te quedan muchas sorpresas por descubrir, Essié”

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