El milenarismo va a llegar

miércoles, 20 de mayo de 2020

Novela de Confinamiento - Capitulo 43


43



- Ma... ¿Ma? ¿Que ocurre?

Darya se encontró a su madre y su abuela sentadas y cogidas de la mano cerca del fuego de la cocina. Tenían los rostros níveos, pero no parecía ser por el aumento del frío de un invierno que ya apretaba pero todavía no ahogaba.
Un ambiente enrarecido planeaba sobre la estancia.
La última vez que lo recordaba tan triste y lúgubre había sido en la muerte del abuelo, hacía ya tres años. Aquellos habían sido días difíciles. Darya nunca había vivido un hecho luctuoso como ese, pero las tres se habían recuperado del mazazo emocional y consiguieron reponerse razonablemente rápido, gracias en parte al carácter alegre de la niña.

- Hija mía, el Macedonio ha tomado Susa y los rumores dicen que se dirige hacia aquí.

El Macedonio.
Había oído hablar de él los últimos tiempos por todas partes, pero muy especialmente en la escuela. A veces escuchaba las conversaciones de los maestros entre si sobre ese hombre y sus grandes gestas. Se llamaba Alejandro y decían que era tan joven como audaz. Era rey de Macedonia, Grecia y muy reciente faraón de Egipto tras expulsar a los propios persas del país y, al parecer, todo ese poder resultaba no ser suficiente. Llevaba batallando en territorio persa al menos tres años y todo apuntaba a que no se detendría.
Las ofensas, más tarde o más temprano, terminan por volverse contra unole contó el rector en una ocasión a propósito del tema.
Darya escuchó de labios de su abuelo la historia del violento periplo de los persas por tierras helenas no hacía tantos años atrás y la injerencia de su política en las vidas de los ciudadanos griegos. De ahí una de las causas, o excusas, de la ambición de conquista de Alejandro. Hacía pocas semanas que en Babilonia habían recibido al Macedonio sin dar batalla y con los honores que rendirían al rey Dario, el actual monarca persa huido y derrotado en la última contienda y, aunque mucha gente en la ciudad pensaba que en Persépolis podría ocurrir algo parecido y no correr la sangre, el rector había advertido a Essié esa misma mañana:

- En Susa hubo batalla, y no es más que una ciudad burocrática. Esta es la capital del imperio y no estaría yo muy seguro de que el Macedonio la vaya a respetar. Creo que debemos partir cuanto antes; mis informantes dicen que en pocas jornadas el ejercito heleno estará aquí.
- ¿Y no puedes hacer nada para evitarlo? Este es el hogar de mi familia y no queremos abandonarlo. Estoy segura de que tienes suficiente poder para llegar hasta Alejandro y convencerlo de algún modo. -le dijo Essié casi en tono imperativo.
- Essié, nosotros no intervenimos en la vida de los hombres. Ya lo sabes. Nos cambiaremos de ciudad y de imperio si es preciso, y vosotras deberíais acompañarnos. Siempre estaréis a salvo con nosotros. Es cierto que no os puedo obligar, pero sería lo más conveniente. Nuestra obligación es continuar con las enseñanzas de nuestros alumnos en otro lugar más seguro. Así ha sido siempre desde que estamos aquí y así seguirá siendo.
- ¿Y que sucederá con Atal? -preguntó ella con una honda imprimación de tristeza en su voz.
- Su futuro está sujeto a los designios del destino. Debemos confiar en que, tarde o temprano, lo devuelva a nuestro lado.




No hay comentarios:

Publicar un comentario