El milenarismo va a llegar

jueves, 30 de abril de 2020

Novela de Confinamiento - capítulo 33

33


Después de aquel primer encuentro con el abuelo de su hija, a Essie le costó conciliar el sueño durante muchas noches. Una amarga mezcla de pena y culpa le reconcomía por dentro, y a esto había que añadirle la indignación que sentía consigo misma por sentir esa compasión hacía el hombre que las había privado de Atal. Una opresión en el pecho y una respiración agitada, desconocidas para ella hasta ese momento, se habían vuelto habituales cada vez que llegaba la hora de dormir y se encontraba a  solas con sus pensamientos.
Intentaba empatizar con aquel hombre, al fin y al cabo él también había perdido un hijo. Meditó acerca de qué habría hecho la justicia de su país en un caso similar. Desobedecer una orden directa del rey se paga con la muerte en toda la extensión del imperio, eso estaba claro. Quizá el rector no sea el rey de Persia, pero en la escuela era la máxima autoridad, pensó. Y acto seguido se volvía a avergonzar de intentar encontrar disculpas para quien le había arrebatado la felicidad. Antes de acostarse esa noche buscó consejo en su madre, pero en ella solamente halló un largo y reconfortante consuelo en forma de arrumacos y una vieja canción que le recordaba a su abuela. 
En realidad su madre se moría de ganas de que Essie perdonase a aquel hombre, pero no pensaba decírselo. Desde que su hija se quedó embarazada estaba segura de que había sido él quien había cuidado de ella y de toda la familia sin escatimar en gastos, por mucho que su marido se obstinase en guardar ese secreto a voces, tras aquel encuentro en la puerta de casa con aquellos tres desconocidos. Uno de ellos era este hombre, estaba segura. Le gustaría decirle a su pequeña que a veces la gente se ve sujeta a hacer cosas que no desea. Pero ella había criado a Essie para ser fuerte, independiente y resuelta en sus decisiones. Era ella quien debía dar ese paso y no hacerlo empujada por un deseo egoísta de su madre. 
Afortunadamente, a la mañana siguiente su hija apareció sonriente en la cocina. Se había levantado con buena cara, mucho mejor que las noches anteriores. Y les había dado un largo y cálido abrazo a cada uno con Darya en su regazo.  
     - Padres, lo he estado meditando mucho y finalmente creo que voy a solicitar audiencia con el hombre de la escuela. Creo que es lo mejor para vuestra nieta y para todos nosotros, y no soy la única que lo cree. No os he agradecido lo suficiente aun todo lo que habéis hecho por mí. Gracias por vuestra paciencia, vuestra comprensión y vuestro amor. Sabéis que esta niña es muy especial y será mejor tener toda la ayuda posible. Sé que habéis sufrido mucho estos últimos tiempos por mi causa, y creo que  ha sido suficiente. Estoy segura de que a partir de ahora todo será mejor para todos.

Los padres de Essie permanecieron en silencio. Su padre visiblemente emocionado, camuflaba su rostro entre sus manos callosas simulando masajearse la frente. La emoción de la madre bajo directamente a la boca en forma de sonrisa. Después le hablo:

          - Hija, todo lo que tú decidas nosotros lo apoyaremos. Pero ayer aun dudabas ¿que te ha llevado a decidirte esta noche?

            - No lo he decidido yo, madre. Lo ha decidido Darya. 


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