El milenarismo va a llegar

lunes, 6 de abril de 2020

Novela de Confinamiento - Capitulo 14


14


Resignado. Así aguardaba en el salón de la gran casa que la escuela había arrendado, haciéndola pasar por un taller de orfebrería, durante la temporada de prácticas en la ciudad de Persépolis. Mientras observaba el crepitar del fuego que ardía en el medio de la estancia, sus pensamientos volaban mucho más allá de las llamas. Sabía que se había equivocado; que había faltado gravemente a la disciplina secular impuesta por la escuela y fallado a sus maestros. Implicarse emocionalmente con las especies que son objeto de estudio estaba terminantemente prohibido. Era una falta tan grave como el castigo que acarreaba pero, ¿como no hacerlo? No lo había podido evitar. Algo se había removido en su interior cuando Essie había fijado su vista en él aquella tarde de verano en el mercado. Aquellos enormes y hermosos ojos color aceituna verde. Essie. Su nombre significaba “Estrella”. Sin duda era una ironía del destino.
A pesar de lo terrible de la situación que ahora atravesaba, sonrió con ternura al recordar su rostro. “Las casualidades son tan escasas como las civilizaciones” le habían enseñado sus profesores como una de las máximas de la escuela. Essie no pudo ser una casualidad, era imposible. Se vieron en secreto durante semanas maravillosas y se amaron con la profundidad del oceano. Se ahogaban en sus olas cada día que se veían.
No fue solo él quien flaqueó; dos compañeros de aquella desdichada promoción sucumbieron también a ese misterio, ese incontrolable hechizo que solamente habían conocido en estas tierras. Uno de los alumnos fue descubierto con otra joven, hija de un artesano, y el otro con un poeta local. Le atormentaba que hubiesen sido descubiertos por su culpa. No habían sido suficientemente advertidos sobre esto. No sabían que en la “implicación emocional” tuviese cabida algo tan enorme como lo que había vivido con Essie. Quien sabe, quizá ellos tres habían sido los primeros en experimentarlo en toda la historia de la escuela.

No había visto a sus compañeros desde el día anterior e ignoraba la suerte que habían corrido. Pero no tardaría en saberlo. Habían sido juzgados por el rector esa misma mañana; a él lo dejaban para el final. Su caso era distinto, el más grave de los tres, pues ninguno de sus compañeros había dejado encinta a sus amantes. Y eso no era todo.
El día que Essie le contó que estaba embarazada el universo se le vino encima. Ni siquiera sabía que eso pudiera ocurrir siendo él quien era. Se abrazaron llorando durante horas. Le hubiera gustado huir con ella a otro país, pero no sabía si podría siquiera sobrevivir por sí solo como para llevarse a una mujer embarazada a través del desierto. Ademas estaban el honor y el respeto a la escuela.
Su orgullo le hizo confesar. Primero confesar a Essie quien era en realidad. Eso no fue fácil en absoluto. ¿Como decirle a la mujer que amas que no eres un aprendiz de orfebre y que vienes de un lugar que ella ignora por completo que existe?
“Sabía que eras especial” le dijo ella con esa ternura que le había conquistado desde el principio. Ni una pregunta, ni un reproche. Ni atisbo de duda. No había conocido nunca un ser como ella.



  Sus pensamientos se vieron rotos por el sonido de pasos desde el piso superior, en donde se encontraban las dos aulas en donde todas las mañanas se impartían las clases de la escuela. Por las escaleras principales bajaban los dos maestros encargados de dirigir sus estudios y el Gran Rector. Los tres eran seres sabios, buenos y justos. Lamentablemente, estas cualidades no jugaban a su favor en esta ocasión.

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