El milenarismo va a llegar

domingo, 12 de abril de 2020

Novela de Confinamiento - Capítulo 19




19



Aquella noche, contra todos sus pronósticos, Iván descansó con una paz que no había sentido en los últimos años. Incluso había tenido un hermoso sueño con Katy, después de muchos días sin acordarse de ella. Puede que fuese la frugal cena, las tres copas posteriores junto a su amigo o el cansancio acumulado por la amalgama de sensaciones, pero el caso es que, al abrir los ojos, se sintió descansado y tranquilo.
Comenzaron a llegarle a la cabeza los recuerdos, en forma de viejas y borrosas diapositivas, del día anterior. No llegó a preguntarse si había sido un sueño. Por algún motivo sabía con certeza que no pero, para asegurarse definitivamente y rematar con los estertores de la realidad que hasta ayer conocía, concluyó que lo mejor era probar de nuevo.
Sin levantarse de la cama, pensó para sí en elevarse un poco e, inmediatamente, su cuerpo se separó del colchón con mucha más suavidad que el día anterior. Quedó cubierto por las sábanas, suspendido a unos cuarenta centímetros sobre su cama en posición horizontal. Se sobrecogió un poco a causa de la sensación de ingravidez, pero le alivió haber tenido cierto control sobre su cuerpo. Cuando vio su reflejo en el espejo del armario se recordó a la niña de la película “El Exorcista”.
Del chiquillo que todavía llevaba oculto en sus profundidades, probablemente en algún lugar de su tórax, brotó una exclamación emocionada. Inmediatamente pensó que quizá su nuevo y, en principio, frustrante don, podía tener ciertas características no completamente inútiles. Justo en ese momento, una idea general, con un conjunto de ideas paralelas, pasó por su cabeza.
Normalmente, cuando tenemos ideas, éstas pasan un proceso de selección básico en nuestro cerebro. Éste, si todo va como es debido, y el centro de mando neurológico está dirigido por un capitán en condiciones, nos dice si la idea es absurda, irrealizable, asequible, estúpida o brillante. En principio su centro de mando no la desechó en absoluto.

  • ¡Jesucristo! ¡Pero qué susto, cojones!

Aquel exabrupto desproporcionado, que pareció surgir de debajo de la cama, hizo que Iván perdiese la concentración y cayese como un peso muerto sobre el colchón. Enseguida, recordó entre risas que Leo se había quedado a dormir en un colchón viejo en el suelo, detalle que, evidentemente, había olvidado con el sopor de la mañana.
Se dejaron llevar por la risa un buen rato, disolviendo así parte de la tensión acumulada el día anterior. Después, inspirados por el olor a pan tostado que se filtraba por las ventanas abiertas desde la cafetería ubicada justo debajo del piso de Iván, optaron por asearse rápidamente y bajar a desayunar fuerte para contrarrestar la escasa cena de la noche anterior.
Ninguno de los dos había dicho nada todavía sobre lo ocurrido apenas doce horas antes. Era evidente que seguía resultando difícil para ambos asimilar la experiencia vivida el día anterior y, durante un buen rato, se dedicaron únicamente a despachar, con deleite y en silencio, los tazones humeantes de café, unas enormes tostadas de pan de leña con mantequilla y sendos zumos de naranja.
Una vez que dieron buena cuenta del desayuno, Iván sacó el tema por fin:

  • Esta mañana he estado dándole vueltas al tema de ayer – calló un instante, procurando ordenar sus pensamientos. Leo no abrió la boca mientras tanto. Continuó.- Creo que puedo tener una idea para esta nueva... “habilidad”.
  • Te escucho –contestó Leo, expectante e intrigado.
  • Partamos del punto –comenzó-, en que levitar en público sin llamar la atención va a ser imposible. Es cierto que, usando la imaginación, elevarse del suelo podría ser de utilidad para bastantes cosas, pero no sé como encajará en mi currículum –ironizó- y, más preocupante aun, como lo encajará la gente.
  • Hombre, en lo que a tu currículum respecta, claramente en “Otras Habilidades” –bromeó Leo.
  • Ya –sonrió Iván-. El caso es que, dándole vueltas, creo sinceramente que esto es realmente aprovechable, única y exclusivamente, para el mundo del espectáculo. Quiero decir, mostrar esta “característica” fuera de un contexto artístico, a la larga o la corta, me puede traer problemas que no me apetece ni imaginar.
  • Desde luego que un humano vuele así, sin más, iba a dejar a mucha gente intranquila. Aunque, si lo piensas un poco, es muy poco probable que alguien piense que realmente estas levitando por ti mismo. Hoy día, en este planeta descreído, todo el mundo pensaría que es un truco.
  • ¡Ahí quería yo llegar! –exclamó Iván-. Creo que tengo la idea perfecta para poder disfrutar de esta habilidad sin tener que esconderla.
  • ¿Te vas a meter en un circo? –bromeó Leo.
  • Parecido , pero mejor. Tan pronto como terminemos con la exposición, me voy a convertir en ilusionista.



No hay comentarios:

Publicar un comentario