El milenarismo va a llegar

sábado, 25 de abril de 2020

Novela de confinamiento - Capitulo 29


29


Essie no alcanzó a encontrar palabras que pudieran romper el silencio, denso y pesado, que se había formado en la estancia. El rector miraba por la pequeña ventana que iluminaba la habitación hacia el exterior, simplemente para desviar la mirada de la joven y recomponerse un poco. Nunca nadie lo había visto zozobrar como le acababa de ocurrir. Y mucho menos fuera de su círculo personal. Como pudo, se recompuso y retomo la conversación sin dejar de mirar hacía la calle, especialmente llena de gente esa mañana:

- XXXX es un joven especial, inteligente e intuitivo y, como acostumbráis a decír aquí, con un gran corazón. No haría lo que hizo si no hubiese sentido que merecía la pena, nunca mejor dicho -se apartó de la ventana y se acercó a ellas-. Entiendo que eres una buena persona, Essie. Y no me cabe duda de que eres inteligente y despierta. Se lee a través de tu mirada con claridad. Quiero ser honesto contigo, quiero protegeros a ti y especialmente a tu hija. Bastante daño os hemos causado ya. Darya puede ser la niña más especial que haya visto nacer esta tierra y, nos guste o no a los dos, lleva también la esencia de mis antepasados y la mía propia en su interior.

- Veo que no necesita que se la presente -dijo Essie sin disimular el sarcasmo. El rector sonrío. Que la muchacha tuviese orgullo y carácter le complacía. A fin de cuentas, ellos le habían arrebatado al padre de la pequeña por causas que a ella le resultaban absurdas. Sería, sin duda, una buena madre para la niña.
- Evidentemente, no. Supongo que sabes, o intuyes que, desde que XXXX no está, nosotros estamos cuidando de que os te falte nada ni a ti ni a tu familia. Toda la manutención de la casa ha sido cosa de la escuela. Por supuesto, la comadrona también. No te enojes, por favor -dijo viendo como la cara de Essie enrojecía a punto de estallar- no es ningún tipo de descargo de culpa ni de chantaje. No pretendo ofenderte. Se lo prometí a mi hijo antes de su... destierro, y en nuestro pueblo la palabra dada es sagrada. Necesitas saber bastantes cosas sobre nuestro pueblo, Essie. Ahora más que nunca. Te doy mi palabra de que es por vuestro bien. Deseo que esta niña tenga una vida feliz y saludable. Os lo debo a los tres y ten por seguro que lo voy a cumplir.

La joven seguía con la mirada fija en el hombre que le hablaba. Parecía sincero y, ahora que lo sabía, creía ver algo de XXXX en sus palabras y sus gestos. Pero Essie solamente tenía una cosa en mente.

- ¿Donde está el? Necesito saberlo.

- Ni yo mismo lo sé. Estará recluido hasta que el destino decida que su pena puede concluir. Hasta entonces debemos aprender a vivir sin él con la esperanza de que, algún día, podamos verle de nuevo. Puedo contarte más cosas sobre XXXX y sobre nosotros, cosas que posiblemente te va a costar creer, pero para eso debes confiar en mí. Permíteme que te ayude a criar a esta niña. Te garantizo que nadie en todo el mundo estará más cuidada que vosotras.


- Lo pensaré, – dijo la joven persa- no sé si fiarme de su escuela.
- Entiendo, -aceptó el rector- te dejo entonces, solo una cosa más… ¿la niña está bien? ¿Ha sucedido algo inusual?
- Nada que usted no sepa ya, supongo.
- Muy bien. Si necesitas algo acude a mí sin dudarlo un instante. Decidas lo que decidas estaré dispuesto para vosotras,

El rector abandonó la casa de Essie con cierto alivio. Tenía pensado dejar que la joven se tomase su tiempo para tomar una decisión, pero también tenía claro que la pequeña necesitaba de su tutela. Esperaba no llegar a tener que hacerlo pero, si fuera necesario, utilizaría todos los medios a su alcance para lograrlo. No había más remedio.


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