9
El anciano abrió los ojos y se revolvió inquieto en su estancia.
¿Había sentido algo ahí fuera? Juraría que sí. Tuvo un
presentimiento, su voz interior le decía que hoy podía ser el día
que llevaba tanto tiempo aguardando; la ocasión en la que abandonase
ese mundo tan solitario y cruel al que se había visto condenado. Se
quedó quieto, prácticamente pétreo, y esperó en silencio; puede
que algún sonido le diese una pista, pero lamentablemente su oído
ya no era el de antaño. Pensó que era mejor no hacerse ilusiones;
no era la primera vez que tenía ese presentimiento traidor. En todos
los años de su larga vida había sentido lo mismo al menos una
centena de veces y, finalmente, todas las ocasiones anteriores se
habían quedado en nada sumiéndolo, todavía más, en una melancolía
desesperada que se acrecentaba con los años. Por tanto, pensó, era
mejor no emocionarse demasiado para atenuar así una más que
probable nueva decepción. Sin embargo, como todas las otras veces,
decidió relajarse y esperar pacientemente, al fin y al cabo ya nada
le quedaba por perder. Si había llegado su hora, no le cogería por
sorpresa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario