El milenarismo va a llegar

miércoles, 15 de abril de 2020

Novela de Confinamiento - capítulo 21



21


Durante los siguientes meses la vida en el hogar de Essie transcurrió con el sosiego que da tener el estomago lleno y las preocupaciones escasas. La gestación estaba en su octavo mes y parecía ir todo lo perfectamente que puede ir el embarazo de una madre primeriza y soltera. Había escuchado historias sobre partos terribles y embarazos malísimos pero, gracias a los dioses, el suyo estaba siendo placido como el sol de primavera.
Todas las mañanas, desde hacía unas cuantas semanas, recibía la visita de una comadrona venida expresamente de Babilonia para guiarla en los últimos días antes del parto. Su padre le contó que se la habían recomendado unos buenos amigos, aunque el día que se presentó en la puerta de casa parecía igual de sorprendido que el resto de la famila. Su nombre era Zostra y decía haber sido comadrona de la corte real: “Tranquila mi niña, estas manos han ayudado a traer reyes al mundo” le decía a la joven cuando se ponía nerviosa al hablar sobre el día señalado.
Cada día que pasaba se hacía más evidente a los ojos de Essie que alguien fuera de la familia estaba velando por ella y por la vida que se alojaba en su vientre. Le molestaba que su padre no quisiera hablarle del tema. Aunque no había dejado de ser cariñoso con ella estaba distante, melancólico y callado. Muy callado.
Su padre siempre había sido un hombre duro. Tenía que serlo; acostumbrado a trabajar el campo de sol a sol sin descanso ya fuera en tiempos de sequía o de lluvias torrenciales. Pero nunca en los diecisiete años que llevaba su hija en el mundo había faltado al terminar la jornada, fuera esta feliz o aciaga, un momento de amor para su niña: “Mi estrella, la más brillante de los cielos” le susurraba al oído cada vez que la abrazaba.
En los últimos tiempos eso había cambiado. Essie comprendía bien el amasijo de sentimientos encontrados que tenía que estar sintiendo. Al fin y al cabo su niña se había entregado a otro hombre y ni siquiera sabía quien era ese joven. Lo único que sabía es que parecía ser de una familia poderosa y adinerada, que al menos, no les habían dejado en la estacada. Podía haber sido peor. Conformarse con que el mal pudo ser mayor es siempre un triste consuelo. Pero el futuro que le esperaba ahora a su niña y a su nieto era incierto y eso le atormentaba profundamente.


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